Vinicast Entrevistas – Audio

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Bajando por la ruta 40 desde Cafayate hacia el sur, y tras cruzar el silencioso y bonito caserío de Tolombón, la aridez del paisaje se vuelve monótona. La posibilidad de volver a ver viñedos se va apagando con los kilómetros. Pero de repente, mas allá de la frontera entre Salta y Tucumán, el milagro de las viñas sobre los áridos Valles Calchaquíes reaparece. Los verdes espalderos se vuelven apenas el preludio de algo todavía mas inesperado: la bodega Las Arcas de Tolombón en una construcción color ocre, y con cierta reminiscencias de Opus One, en Napa.

“Esto se llama Chañar Solo, en las cercanías de Colalao del Valle, un lugar en el que se comenzó hace relativamente poco a producir vino”, aclara Juan Goitia, el ingeniero agrónomo del proyecto.

Por los pasillos de la Bodega o en el gran salón del segundo piso se advierte lo reciente del proyecto. Como una casa a poco de haberse estrenado. Goitia explica que todo se precipitó rápido. “En el 2007 se plantaron viñas de Malbec, Torrontés y algo de Cabernet, con la idea de una bodega a futuro”, cuenta. La primera cosecha generó calidad de uva y entusiasmo. La uva se vinificó y el entusiasmo se transformó en un proyecto de bodega que arrancó al poco tiempo. Todo sucedió muy rápido repite varias veces Juan Goitia, quien además describe la zona con las características generales del resto de los Valles Calchaquíes. “Es un lugar parecido a Cafayate ,a 1700 metros sobre el nivel del mar, semidesértico. Si bien en Tucumán, la vitivinicultura es reciente, en los Valles Calchaquíes se produce vino desde la época de la colonia’, explica.

Desde una pequeña terraza en la bodega se puede ver la extensión de los cuarteles al nivel de la ruta y avistar a lo lejos el cuartel Yacomisky, la parcela a tres mil metros de altura. Es allí donde el ingeniero agrónomo encara el proyecto para obtener lo mejor de la bodega, un Gran Reserva que llegará en algunos años.

“Por ahora estamos empezando a conocer el lugar porque empezamos apenas en el 2007. De a poco vamos midiendo las heladas, las condiciones del clima y del suelo”, cuenta. Feliz con los primeros resultados pero también entusiasmado con el futuro, Juan Goitia comenta que la bodega sacó la primera línea de vinos –llamada Siete Vacas- pensando en el consumidor joven, que quiera beber un vino accesible y que no empalague. “Creo que hay una tendencia general a no maderizar tanto los vinos, a buscar vinos frescos y fáciles de tomar. Con un toque de madera justo y eso pretende el Siete Vacas”, comenta.

Los primeros años han reportado una buena aceptación de los vinos Siete Vacas. “De hecho, en la primera vendimia conseguimos una medalla de oro en Malbec al Mundo y una de oro en Torrontés. El Malbec fue una uva de un viñedo de una zona cercana. Era una viña de unos quince años y buscamos esperar la maduración justa”, explica.

Mientras Juan Goitia habla del presente de la bodega de a ratos deja perder la mirada en el viñedo. En realidad mira al cuartel Yacomisky, e imagina el gran reserva a tres mil metros: el gran desafío del futuro.