El enólogo chileno Álvaro Espinoza me esperaba en los viñedos de Emiliana en Colchagua un nublado mediodía de julio. Llegar no había sido fácil. Si bien los caminos en el interior de Colchagua estaban en buen estado, yo desconfiaba de mi hoja de ruta y avanzaba apostando que cada decisión en los cruces de caminos era la correcta. Con mas yerros que aciertos llegué al encuentro con Álvaro algo tarde pero con aires de triunfo.

Alvaro Espinoza Duran Este inmenso campo de 459 hectáreas es una de las fincas biodinámicas de Emiliana, donde Álvaro es consultor en la operación del viñedo y elabora –entre otros- los vinos Gé y Coyam. Ambos vinos son biodinámicos con base de Syrah y diferentes cortes de Carmeniere y Cabernet Sauvignon (y un poco de Merlot, Mouvedre y Petit Verdot en el caso del Coyam). “El manejo biodinámico es una característica muy importante de los vinos de Emiliana, pero esta bodega no puede limitarse a producir para estos mercados nichos: hay que competir en calidad y precio con cualquier vino”, advierte Álvaro mientras se prepara para comenzar la entrevista filmada.

“El manejo biodinámico es una característica muy importante de los vinos de Emiliana, pero esta bodega no puede limitarse a producir para estos mercados nichos: hay que competir en calidad y precio con cualquier vino”, advierte Álvaro

El enólogo es uno de los referentes mas importantes de la agricultura biodinámica en el hemisferio sur. A fines de los ochenta terminó sus estudios en Burdeos y en la década de los noventa desarrolla su mayor interés y conocimiento en biodinámica trabajando en California. Fue 1998, cuando Álvaro se había tomado un semestre sabático para aprender en Mendocino al norte de California. Mientras a pocos kilómetros, en la ciudad de San Francisco, estallaba la burbuja de la internet con miles de adolescentes iniciando empresas online, el enólogo se internaba cada vez mas en la agricultura orgánica. Así conoció a Alan York, un distinguido consultor biodinámico estadounidense que le regaló una especie de biblia de ese tipo de agricultura, escrita por el filosofo austro-húngaro Rudolf Steiner. “Me hizo un clic, porque todo lo que decía me parecía perfectamente lógico”, recuerda hoy.

Emiliana Organic Vineyards “Steiner había contribuido al desarrollo de la antroposofía allá por el 1900, y en 1924 dictó unas charlas sobre cómo se podía adaptar ese pensamiento a la agricultura. Fue frente a un grupo de agricultores en Suiza, y de esas charlas quedó el libro, que fue de algún modo el nacimiento de la agricultura biodinámica”, explica.

En términos mas prácticos este tipo de agricultura “busca restablecer la condición propia del lugar mediante un sistema cerrado de agricultura y por lo tanto cuando se aplica al viñedo, da vinos que expresan mejor esa condición única, esa condición personal e irrepetible”.

Desde esos días en California hasta hoy en Colchagua, Álvaro había recorrido un largo camino en este tipo de agricultura. Había trabajado en la bodega Carmen y desde el ano 2000 era consultor de Emiliana. Además, había conseguido concretar su sueño, su propio proyecto biodinámico, Antiyal, donde hace sus vinos Antiyal y Kuyen.

Ese mediodía de julio en Colchagua, estaba en una sala cuyas paredes están recubiertas de madera. Una mueble a media altura está cubierto por una línea de copas vacías y hacia al final hay unas muestras que Álvaro deberá probar antes de iniciar la entrevista filmada. Desde la enorme ventana se advierte un sol indeciso e hileras de viñedos que suben hacia las colinas.

En términos mas prácticos este tipo de agricultura “busca restablecer la condición propia del lugar y por lo tanto da vinos que expresan mejor esa condición única, esa condición personal e irrepetible”

Mas tarde cuando caminábamos por las hileras del viñedo, Alvaro explicó que todo el esfuerzo de realizar una agricultura biodinámica debe resultar en un gran vino. “Al menos para Emiliana, este es el objetivo. Las certificaciones y el marketing de la biodinamia no son la principal herramienta de venta: de acá tienen que salir vinos de calidad”, afirma.

Emiliana Organic Vineyards De a poco iba a ir explicando mejor los engorrosos procesos de este proceso de la certificación, en el que los viñedos deben compartir sus ganancias con los certificadores. “Es injusto que los que practicamos agricultura sustentable tengamos que pagar y los que contaminan no pagan nada”, suelta, algo resignado. “Pero así es el sistema, y se paga porque hay que tener una trazabilidad bien certera desde el viñedo hasta la botella”.

Dice que la certificación es necesaria para el mercado y la comercialización del producto, ya que las certificadoras no aportan nada técnico a los productores. “Hay un organismo que certifica que es Demeter (Europa y América). Estas dos filiales nacieron en 1920 y certificaban alimentos.”, explica.