Desde los vampiros de Transilvania hasta el escarabajo austríaco, los chinos, los indios y los japoneses. Vinos y viñateros inusuales, y además ricos.

1- Koshu Rubayat Sur Lie 2011 – Japon

En una región entre el Monte Fuji y Tokio (Yamanashi) se cultiva la cepa autóctona de Japón, la fantástica Koshu. Se dice que seguramente habrá llegado del Cáucaso hace mil años, y se sabe que se produce en esta zona desde hace siglo y medio. De suelos volcánicos y gran amplitud térmica, esta región ha progresado muchísimo en calidad, pero sus costos siguen siendo muy altos. La famosa bodega Rubayat (tradicional y también destilería) produce Rubaiyat Koshu Sur Lie desde 1988 y se ha vuelto uno de los grandes clásicos de los restaurantes japoneses. Elegante, con aromas a frutas tropicales y flores blanca es un vino que en boca se siente equilibrado y con final dulzón. Un gran vino para acompañar pato y cordero además de comida japonesa.

2- Liliac Feteasca Alba 2012 – Rumania

La infaltable referencia cuando se habla de Transilvania es el señor de los colmillos largos y sus leyendas. Pero en este caso es la cepa autóctona Feteasca Alba lo que nos lleva a la región de Rumania. Se trata de una variedad blanca, y vinos frescos y secos, que también es muy conocida por los vinos de Moldavia. Este vino 2012 (con 11.5 de alcohol) tiene la acidez justa para un momento de aperitivo, aromas florales y cítricos, y en boca es fresco y fácil de tomar.


3- Krsma Cabernet Sauvignon 2010 – India

El gentil Krishna Chigurupati es un empresario farmacéutico indio que produce el mejor vino de su país, el Krsma. ¿Cuál es el secreto? “No tener apuro -cuenta Krishna-. Yo hice el primer vino a los 23 años comprando uvas de Banglore”. Era un vino de mesa, y tres décadas después está en varios restaurantes de Londres con sus primeros Cabernet Sauvignon de alta gama. Se lo nota joven todavía, pero con potencial de elegancia. Tiene los aromas de frutas negras y especias del Cabernet. En boca taninos bien maduros y concentración media con toques de cassis y buena persistencia. Vale la pena probarlo con un cordero masala.

4- Andreas Tscheppe Beetle Sauvignon 2005 – Austria

Sobre vinos blancos que se distinguen, las regiones del sur de Austria, como el norte de Eslovenia, ya vienen dando muchas señales de altísima calidad. Este vino llamado “escarabajo” es un gran ejemplo, y su productor un personaje único. Frescura y profundidad, con aromas que remiten a hortalizas silvestre y boca persistente. Un vino natural con tres semanas de fermentación y maceración en sus pieles y luego paso por barriles. Un detalle nada menor es que los barriles fueron enterrados en la tierra por una topadora conducida por el propio Andreas Tscheppe. “Algunos dicen que estoy un poco loco, que despisté”, cuenta Andreas, cuyo hobby es manejar topadoras. El productor biodinámico dice que para que los vinos terminen en su apogeo deben enterrarse y así evitar toda vibración perjudicial de la superficie.

5- Côtes du Fleuve Jaune du désert de Gobi 2009 – China

¿Hasta dónde llegará el boom del vino en China? De la ostentación insulsa, al consumo creciente, y ahora la elaboración. Este corte más que interesante con nombre que combina acento francés y lugares dignos de Corto Maltés (aunque decir “desierto de Gobi” en el nombre del vino es una trampita: no viene de allí), muestra que China va encontrando un lugar en el mundo del vino. El Chateau Hansen tiene viñedos orgánicos y la mano de franceses en la vinificación de este corte Cabernet Sauvignon, Cabernet Gernisch, Cabernet Franc y Merlot que pasó 16 meses en barrica francesa (30% nueva). El Cabernet Gernisch –sería sinónimo de Carmenere- es la cepa que los chinos están volviendo su bandera. Lo inesperado del corte es que a pesar del tenor de las cepas, el vino tiene cuerpo medio. Tiene taninos bien domados pero todavía demasiado dominado por la madera.