Valérie Gallet es muy tímida. Cada segundo de la entrevista en video le resulta casi una tortura. No hay pose, ni frases de marketing, todo simple y directo al grano: “Mi hermano y yo trabajamos la tierra, hacemos el vino, y lo vendemos. Nosotros somos hoy Domaine Gallet, 1,3 hectáreas y una bodega que mi familia posee desde hace 7 u 8 generaciones.”

Entre empinadísimas hileras de Syrah (y algo de Viognier) en la prestigiosa Côte Rôtie. Valérie sonríe, y echa carcajadas todo el tiempo. Cuenta que no sabe tanto de la crisis del vino en los mercados internacionales porque no exporta sus vinos, sino que hace todo venta directa. “Viene mucha gente de otros países, muchos chinos o estadounidenses y compran nuestro vino acá en bodega”, cuenta.

Para llegar al Domaine Gallet hay que subir una empinadísima ladera, por un camino que serpentea en 25 curvas los viñedos de Guigal, Chapoutier y varios otros célebres productores de la Côte Rôtie. Un cartel pequeño sobre el camino angosto dice “Domaine Gallet, Henri”, y una flecha indica una casa color gris de dos pisos a la que se llega por un caminito. Sobre la casa otro cartelito, esta vez en la pared que dice “Côte Rôtie, Gaec Gallet, Henri et Philippe propiétaire récoltant”. Simple, directo.

Cuando le pregunto a Valérie qué siente cuando vende una botella de un vino que sostiene el nombre de su familia después de tres siglos, ella piensa unos segundos. Se encoge de hombros y sonríe. Entiendo que mi pregunta le parece algo ridícula. O completamente ridícula. Retomo la palabra para preguntar otra cosa, pero me interrumpe y responde lentamente. “Cuando vendo un vino tengo la impresión de dar todo… mi alma y la de todos mis ancestros que estuvieron acá.”

Agrega que el vino es un solo producto pero significa mucho más que eso en los lugares donde hay una historia detrás. “Acá yo vendo una historia, y no un producto, por eso es un poco diferente a otras regiones donde hacen vino menos tiempo”

Hace cinco años, Valérie Gallet dejó la oficina donde era contadora y volvió a la viña de su familia. “Fue algo visceral, fisiológico, era contadora y me faltaba el contacto con la tierra así que decidí volver. Sabía que tarde o temprano volvería acá”, cuenta

Los vinos de Valerie Gallet marcan esa estructura, cuerpo y elegancia de los Côte Rôtie. Intensidad, elegancia y fruta en total integración. La región está al norte de la Cote de Rhone, cerca de la ciudad de Vienne. Hay unas 250 hectáreas en total, en diferentes tipo de suelo y prácticamente todo en terrazas sobre empinadas laderas. Dice Valérie que por lo general “son vinos de guarda que tardan unos 7 u 8 años en estar listos. Tienen taninos que tardan en redondearse”.

“Un vino Cote Rotie es mayormente Syrah y hasta un 20% Viognier, que no es obligatorio. Si el productor elige 100% Syrah lo puede hacer. Estas dos cepas se cosechan juntas y se vinifican juntas, una blanca y otra tinta”, explica.