El gesto de Benoit Tarlant lo dice todo. Apoyado contra una barrica de su cava, el viñatero de Champagne abre las manos como diciendo que no hay grandes secretos. “Hoy más que nunca hay que saber de dónde uno viene. La dimensión que ha tomado el Champagne en el mundo es mucho mayor a la que vivieron mis ancestros”, preludia Benoit, quien junto a su hermana Melanie son la duodécima generación de productores de champagne en la familia Tarlant.

“Si uno se deja llevar por la tecnología, o por el elemento de status que a veces da el Champagne corre el riesgo de olvidarse de lo fundamental, que es la planta, la naturaleza y el valor de la heredado de los ancestros”, agrega Benoit. Un rato después, Benoit contará que su primera cosecha, en 1990, estaba su padre, su abuelo, y su bisabuelo. “Ahí en ese contacto humano y directo se transmiten cosas profundas”.

A la bodega Tarlant se llega por una callecita (la rue de la Cooperative) en el caserío de Oeuilly, a unos pocos kilómetros de Epérnay, la “capital” (o la ciudad más representativa del vino local) de Champagne. Almorzamos con Benoit, sus padres y su hermana, o sea el equipo completo de la bodega. Llueve. Mejor dicho no llueve. Mejor dicho es Champagne en primavera, y sus vaivenes de sol y gotas.

Los Tarlant trabajan en la viña desde 1687. “El primero en hacer vino fue el abuelo de mi tatarabuelo, Louis Tarlant”, precisa Benoit. Mientras tanto, sus hijos de corren de un lado a otro entre barricas. Benoit los observa con una sonrisa y no puede evitar pensar en su infancia “esa edad en la que una sala de barricas es un lugar donde se juega, donde se mira a los mayores y de a poco uno se va haciendo grande”.
La generación trece de los Tarlant está ahí entre las barricas antes de cumplir 10 años.

La viña de los Tarlant tiene 14 hectáreas que incluyen 4 “Crus” y está dividida en 55 parcelas para demarcar mejor las diferentes tipicidades de suelo. Mucha tiza, arcilla, limo, y arena. Entre las variedades plantadas, la mayoría es Pinot Noir y Chardonnay, pero también bastante Pinot Meunier y otras variedades de la denominación Champagne un poco menos conocidas como Pinot Blanc, Arbanne y Petit Meslier. Como en la mayoría de esta región, la densidad de plantas es alta, como de nueve mil plantas por hectárea.

“Somos viñateros que trabajamos solo nuestras uvas. No compramos de otros productores”, cuenta. El aporte de Benoit a la historia mas de tres siglos de Champagne Tarlant no es menor. Su foco es claro. Quiere estudiar a fondo los aportes particulares de cada tipo de suelo, exposición y situación de su viñedo para crear vinos logrados. “Todo esto aporta una variedad de aromas y gustos muy interesantes y complementarios”, concluye.