Dos vinos naturales de autor separados por un universo. Acaso el único punto en común es que fueron abiertos y disfrutados en un fin de semana de lluvia en Buenos Aires. Un vino dulce, natural y prosaico como su silencioso autor, Antonio Cabezas, y un Riesling brutal y complejo de Heymann-Löwenstein, un matrimonio comprometido con la selección parcelaria de cada paño de su finca en la Mosela.

Antonio Cabezas Blanco 2011

Un viñatero que trabaja en silencio en su propia finca en Tolombón, a pocos kilómetros de Cafayate en el norte argentino. Un vino dulce vertical (con azúcar residual) y 15,5 de alcohol que parece hecho para acompañar un paté de campo en el aperitivo. Con sus etiquetas simples y directas, Don Antonio Cabezas no sale en las revistas ni se jacta de su terroir, pero con sus dos vinitos dulces aporta una opción fantástica y natural para un gran vino dulce de aperitivo. Antonio Cabezas (uno de los héroes de la película Mondovino) también hace un vino dulce de Malbec.

No creo que a Don Antonio le guste Kiss. No le pregunté, en todo caso. Pero su trabajo y sus vinos honestos me hacen pensar en esa canción “Un mundo sin héroes” de los cara-pintada del rock. Es que el universo del vino sin gente como Antonio Cabezas sería “como una campana que nunca suena, o un mundo sin héroes”.

Risling (Uhlen Lauchach) de Heymann-Löwenstein 2011

La señora Cornelia Heymann y su marido Reinhard Löwenstein son los creadores de este elegante, y al mismo tiempo intenso y complejo Riesling de la Mosela baja alemana. Un fanático de la selección parcelaria de su suelo (pizarra) y la biodiversidad de las abruptas terrazas de piedra, Reinhard Löwenstein define este vino desde su fruta amarga, dejando un gusto a suave mineral característico y persistente.

 

A Reinhard no le gusta que cada vez que lo evocan en la prensa se refieran a él como un ex afiliado al Partido Comunista, o al controversial viñatero. No porque le moleste su pasado activista, sino que dice que su estudio de terroir para que sus Riesling sean épicos es lo más importante que hizo en su vida. Además de sus espectaculares vinos, no puedo olvidar la fachada de su bodega adornada con el poema “Oda al vino” de Pablo Neruda, en alemán y gigante.