Viene de parte II

“En la viña estamos expuestos a riesgos catastróficos… granizo o una helada a dos días de la cosecha”, reflexiona Adrien Roux viñatero de Chablis, en la Borgoña. Explica que a veces en esa relación mano a mano con el riesgo climático, el viñatero toma prevenciones facilistas y traiciona el transcurso natural.

Solo el viento algo indeciso se escucha sobre la colina donde están las viñas de Adrien Roux. El resto es pura calma. Llevábamos un rato largo hablando cuando me habló de los riesgos, del miedo, del coraje y de las decisiones que un viticultor debe tomar sobre su enfoque. Hablaba pausado y reflexivo.

Dijo algo así como que la imagen del viticultor moderno no siempre está asociada a la tecnología y a la producción ultra controlada del vino. “Hay muchos jóvenes viticultores que están trabajando como se hacía antes. Antes de que se abusara de los químicos y de las soluciones que resuelven problemas de viñedo en la bodega”, explica.

No suena a queja sino a desahogo. Adrien Roux cuenta que esa sensación de que todo el trabajo de un año puede desparecer en un minuto es común a cualquier agricultor del planeta. “Un minuto y medio de granizo y no queda nada, sin ninguna explicación. Así son las cosas, y uno lo siente como una injusticia difícil de soportar”, comenta.

“Pero prefiero esa sensación y ese miedo de la naturaleza que a las reglas que pone el ser humano para controlar la naturaleza”, concluye.