Presente

De chico, Charlie Arturaola pensó ser profesor de inglés y karate pero no lo fué. De chico, miraba los barcos en el puerto y soñaba con viajar por el mundo a partir de las etiquetas de vino que iba descubriendo en la aduana. El tiempo hizo de las suyas y hoy en día, los sitios en Google definen a Charlie como “protagonista de la película El Camino del vino”, “leyenda del vino y la gastronomía”, “carismático y apasionado sommelier”, “un defensor de los que toman vino”.

En medio del rodaje de la segunda parte de El Camino del Vino, el autodefinido Robin Hood del vino promete luchar hasta su muerte por el consumidor de vino joven que recién empieza a probar. “El personaje de Charlie en la nueva película sale con una capa y un antifaz a luchar con grandes nombres del vino. Es el Cyrano de Bergerac del vino que va por los pueblitos a desafiar gente del vino que son grandes nombres, Luca Gardini, Christian Roger o Andreas Larsson”, cuenta.

El Camino del Vino fue la exitosa película de Nicolás Carreras, que protagonizó Charlie Arturaola como el famoso sommelier que pierde el paladar. Tras la primera parte que sucede casi toda en Mendoza, Argentina, ahora se viene la segunda por España Francia e Italia.

Charlie es un tipo apasionado y jovial, futbolero, fanático de su música como Caravan Palace, Camarón de la Isla, y sus libros de historia vinculada al vino. Es un hombre simple, y con muchas anécdotas que le encanta compartir. Un día le pregunto qué anécdota reciente es la mejor. Piensa unos instantes y arranca sin sobresaltos. “Con ‘El Camino’ fuimos al Festival de Berlín, en el que participan cuatro mil películas. El director del Festival me agarró y me dijo que poco le importaba mi paladar, sino que lo más importante era que la película hacía reír, hacía llorar y que, aún más importante, conseguía transmitir ganas a cualquiera de irse a tomar un vino”, recuerda Charlie, con orgullo.

Futuro

¿Hacia dónde irá el vino en el futuro? Pregunté. Charlie suspira. “Hay cada día más gente joven que se pone a tomar cerveza, u otras bebidas porque el vino le parece sofisticado, y si esa gente joven se nos van, ya es difícil que vuelvan al vino. Por eso hay que sacarle drama al vino. De tanto glorificar al vino se nos esta yendo el consumidor raso”, dice Charlie.

Su cruzada está por ese lado. Apuntando a que la gente que no toma vino empiece bebiendo uno de 10 y 15 dólares. “Tenemos una batalla con la cerveza, que no estamos ganando y creo que para llegar a más gente hay que apuntar a vinos de 10 dólares, no a 100”, afirma.

Pasado

Llevaba tiempo sin hablar de sus años mozos, y acaso por eso el relato parecía surgir en blanco y negro. El puerto de Montevideo, la turbulenta década del setenta, un “botija” (un pibe en Uruguay) de unos 12 años con un traje que le queda grande trabaja cadete para su tía, la despachante de aduana. “En esos años empecé a entender de la geografía del mundo leyendo etiquetas de vinos que llegaban a Uruguay provenientes de Francia”, recuerda Charlie Arturaola con una sonrisa cómplice. Cómplice con el recuerdo.

El niño Carlos José Arturaola Mary se quedaba por horas perplejo frente a los barcos y se imaginaba viajando por el mundo. Ya se imaginaba llegando a esos lugares que salían en algunos sellos, o en etiquetas de vinos… Beaune, Paulliac, Piamonte. “Y así me hice experto en geografía del vino y empecé a soñar con viajes y con vinos, pese a que la ambición en aquella época solo llegaba a recibirme de profesor de ingles y karate”, admite. Piensa un poco y reformula la respuesta inflando un poco el pecho. “Yo era bueno para el fútbol, un gran arquero y llegué a jugar en ligas de menores con Enzo Francescoli.”

Cuenta que tuvo una infancia muy rica en cultura y muy feliz, en una familia de clase trabajadora de inmigrantes de Polonia y País Vasco. Su madre murió cuando era niño y nunca vivió con su padre, un metalúrgico al que veía seguido. Esa infancia fué en el Prado de Montevideo, esos barrios con un club de esquina con canchas de bochas y los meses de marzo con olor a uva de parral. En esos finales de verano de aromas frutales, su abuelo siempre sentado debajo las uvas y recuerdos de puerto y etiquetas de vino francés se fue desplegando el gran personaje que hoy recorre el mundo del vino.