Apostar a la identidad del vino argentino*

Parte I

“Allá lejos, por detrás de lo hecho bien y de lo hecho mal, hay un lugar. Te espero ahí” Rumi

Son casi las 10 de la mañana y bajo la pirámide de la bodega Catena Zapata en Agrelo, varios grupos de dos o tres personas se mueven en direcciones diferentes. Turistas entusiastas, empleados, enólogos de la bodega, y algún gerente de algo circulan con energía como hormigas en las arterias de un hormiguero. Alejandro Vigil está parado en el medio, y sostiene varias conversaciones paralelas. Acaba de probar varias micro-vinificaciones, que son ensayos de vinos en pequeñas escalas para dar referencias al enólogo de distintos manejos de viñedo, maneras de fermentar y otros detalles. “Ya nos vamos a caminar viñedos”, nos anticipa. Vestido con bermudas verde militar camuflado y remera negra, Vigil tiene los auriculares anclados en el cuello, pero cada tanto, durante todo el día, se los enchufará a los oídos para conectarse con la música de Vicentico, TwoDoor Cinema Club, o Divididos. A veces los auriculares y su música es simplemente la barrera perfecta “para concentrarse en la cata y no escuchar tantas voces opinando”.

Mientras camina al auto ultima detalles con el afable Nesti, Ernesto Bajda, uno de los enólogos de la bodega y amigo de las épocas de la universidad, de estudios, de recitales de folclore y de fiestas. En ese torbellino de conversaciones, ejecutividad y decisiones hay un aura de alegría flotando en el aire, un envión de energía casi adolescente que contagian Ale Vigil y Nesti. En el auto hay una laptop negra, un mate, botellas de muestras de vino, y pilas de libros -El sueño del Dante, Vinos de capa y espada, Obras completas de Julio Cortázar-.

 

-Los enólogos tienen que estar están en todas…

 

-Los enólogos tomamos demasiado protagonismo. Dejémonos de joder con eso y que los divos sean otros. Acá lo importante es que se está dando un cambio interesante y que se nota un discurso unificado en todos nosotros en busca de la identidad propia. Hay un concepto aceptado, y eso produce un cambio. Todavía no hay una conciencia real de la gran magnitud de esta generación de enólogos.

 

-¿Dónde está parado hoy el vino argentino? ¿Cuáles son los desafíos de hoy?

-El vino argentino hoy está apostando a su verdadera identidad. Al peso del terruño, a la diversidad, a conocer mejor zonas que empiezan tienen su propia tipicidad. Estamos frente al desafío de continuar profundizando la identidad de nuestras regiones. Por ejemplo en blancos pasamos de vinos que tenían una explosión de fruta y madera a blancos más frescos y minerales

 

-¿La zonificación le va a cambiar el perfil al vino argentino?

-Creo que está aportando opciones al mercado, y vinos mas amigables. El Hollywood de los flying winemakers te puede gustar o no pero nos puso en otro lugar a nivel internacional: Paul Hobbs, Lurton, entre otros.. Hoy en día hay la búsqueda es por mayor diversidad. Antes no había tantos estilos, sino un afán por pensar que teníamos que demostrarle al mundo que podíamos hacer vinos al mismo nivel que otras zonas importantes. Ahora no hay esa necesidad de demostrar nada a nadie, sino de proponer opciones al mercado que tengan el carácter de cada región en su más alta calidad.

 

A Alejandro Vigil se lo nota alegre, eficaz y transparente. Aunque a veces no parezca, está siempre atento a cada detalle y nada parece dispararlo más que su curiosidad. Tiene cuarenta y un años, es ingeniero agrónomo, escucha mucha música, y escribe -poesía o prosa porque le gusta, y un libro sobre zonas vitivinícolas mendocinas porque es a lo que se dedica desde hace dos décadas. Dice que su amor por la literatura viene de su madre Aida –“que era maestra y muy lectora”-y que también lo apasiona la física y la matemática -“eso viene de mi viejo”-. y trabaja mucho en estadística “para diluir el error”.

 

Sus primeros recuerdos del vino surgen en la charla como esas fotos vintage guardadas en cajones hace tiempo. Son imágenes de una siesta sanjuanina y Alejandro con ocho años tomando algún resto de vino blanco que había quedado servido en los vasos que dejaban los grandes cuando se iban a dormir la siesta. Allá en San Juan, el abuelo sevillano de Alejandro tenía un viñedito y solía tomar el vermú a la sombra de la parra para acompañar un jamón.

 

-¿Qué cosa de tu infancia es todavía gravitante en tu manera de ver el vino?

-Un día le pregunté a mi abuelo Tristán cómo tenía que ser un vino. Me dijo el vino tiene que tener tres cosas: quitar la sed, ser liviano y ser complejo. Me explicó que cuando decía “quitar la sed” era que sea fácil de beber. Liviano se refería a alcoholes menores a los de un destilado para acompañar el jamón, y complejo porque él creía que para acompañar el jamón debía tener suficientes matices y así maridar.

 

-…

-Hace unos años estaba en Borgoña y me encontré con un productor importante. Le pregunté cómo había que hacer para hacer vinos tan ricos, auténticos y que se vendan tan caros… ¿Sabés qué me respondió? “Fácil, tres cosas: que te quite la sed, que sea liviano, y complejo”. Después de 15 años, me di cuenta que mi abuelo tenía razón.

 

A esta altura de la charla ya avanzábamos hacia la finca Domingo, en Villa Bastías, donde Catena tiene viñas viejas de Chardonnay y Cabernet Sauvignon. El viaje por los viñedos estaba a punto de comenzar.

 

*Publicada en VINICAST Mayo 2014

SIGUE en Parte II