La damajuana es parte clave de la historia del vino argentino. Carlos Crotta, nieto del creador del emblemático envase de vino, recuerda con orgullo los años de esplendor, con una familia unida en torno a una mesa, y los 90 litros de vino per cápita (hoy es menos de 30). “No fue hace tanto”, dice. Crotta cree que el pico máximo de consumo de damajuana fue en 1994, cuando los argentinos tomaban casi el 70 por ciento de vino en ese envase de 5 litros.

En esa época de oro de la damajuana, Crotta tenía como trecientos distribuidores por todo el país, y la idea era acercar un vino de mesa a todas las mesas familiares con precios accesibles.

“Hoy el consumidor exige mayor calidad, está más educado y busca envases más chicos. Las costumbres cambiaron, pero aún así, la damajuana sigue siendo la bandera del cariño a una época más familiera”, Carlos Crotta en su bodega de San Martín, en la Zona Este de Mendoza. La bodega Crotta sigue haciendo damajuanas, pero hoy ya es el 10 por ciento de la producción y sobre todo de Malbec y Cabernet Sauvignon en lugar de vino de mesa. “Antes el vino era tinto o blanco… y con soda”, agrega.

“Antes el vino era tinto o blanco… y con soda”, dice Crotta

Ese cambio en los hábitos de consumo, que el mismo Crotta celebra, fue total. Las mesas familiares ya no son tan numerosas, aparecieron otras bebidas para las comidas diarias y el vino de mesa fue cediendo a vinos más elaborados. “Justamente en los ’90 con la incorporación en las bodegas argentinas de herramientas tecnológicas, se empieza a subir mucho la calidad. Nosotros pasamos a hacer más varietales, y la damajuana es hoy un lindo símbolo de nuestra historia, de nuestro sello como bodega en la historia del vino”, dice Carlos Crotta, nieto del creador del famoso envase, José Eduardo Crotta.

A pocas cuadras de la bodega Crotta está el bodegón del club San Martín. El estilo no es el de menú por pasos de muchas bodegas de otras regiones de Mendoza. El bodegón del club defiende el estilo de otras épocas, con un menú de muchísimos platos, productos caseros y vino en pingüino de la damajuana. Allá por los años ochenta -cuenta los que saben –las calles de San Martín eran el gran escenario de la industria del vino argentino. Todavía, en el aire, queda algo de nostalgia y orgullo por esas épocas.

Así las cosas, la bodega Crotta se fue adaptando. “En estos años hemos estado exportando damajuanas a Nueva York y tenemos muy buenos resultados”, destaca Crotta. Sin embargo, está claro que el rumbo actual de los negocios de la damajuana Crotta no es lo que más ruido le hace a Carlos Crotta. Para el bodeguero, es el orgullo del pasado glorioso lo que le dibuja la sonrisa en el rostro. Cuenta que “varias personas que hoy toman vino de alta gama” le han confesado que “los orígenes en el vino fueron con Crotta damajuana”. Se trata de gente que creció viendo al abuelo o al padre disfrutar del vino con la damajuana Crotta. “…Decís damajuana y decís Crotta”, sentencia.

“Cuando mi abuelo empezó con la damajuana se tomaba mucho más vino. Imagináte que la bodega Crotta tenía capacidad para 20 millones de litros de vino y era una de las medianas. Además del vino de mesa nosotros éramos famosos por el Moscato Crotta…. No había pizzería en Buenos Aires que no tuviera el famoso ‘moscato, pizza y faina’”, agrega Crotta.

Carlos Crotta mira hacia delante pero sigue disfrutando cuando un ventarrón del pasado le trae alguna anécdota. “Hay muchas historias pero la que más me gusta decir es que en un asado o un camping siempre te salvaba una damajuana. Una de esas de vino tinto que igual con soda seguía siendo tinto”, ríe Crotta.