El vino de mesa es una parte central de los hábitos del argentino medio. Si bien las costumbres cambiaron y la presencia del vino de mesa a diario en los almuerzos familiares ya no es la misma, el tinto (o el tinto con soda) siguen siendo una de las postales clásicas. Uno de los productores emblemáticos de vino de mesa familiares es Carlos Crotta, quien sostiene que los tiempos han cambiado porque ahora la gente busca más calidad.

“Antes no era que no buscaban calidad, sino que buscaban vino, y punto. A lo sumo blanco o tinto. Hoy en día con los clubes de vino, la televisión y el acercamiento al mundo de la gastronomía, la situación es otra. Y hay que adaptarse”, dice Crotta.

“Antes no era que no buscaban calidad, sino que buscaban vino, y punto. A lo sumo blanco o tinto.”, dice Crotta

El bodeguero de San Martín –en el Este mendocino- tiene muy claro que las modas del vino llevan productos para un lado y para el otro. “Hubo una época en que no había pizzería de Buenos Aires que no tuviera el Moscato Crotta”, recuerda. Pero claro, las modas llevaron a que este vino tan asociado a la pizza (y faina) al ostracismo. Y de repente, “en los 90 vuelve el Moscato”.

La perspectiva de la historia desde la experiencia de Crotta también es bien interesante. En el pasado, la producción de vino en grandes volúmenes en su mayoría estaban destinadas al vino de mesa. Tuvo uno de sus momentos de esplendor allá por los años 80. Por esas épocas el “Este de Mendoza” era más que nunca el centro de la producción. Si bien se hacía vino en regiones como Agrelo, Vistalba, y algo en el Valle de Uco, “era en San Martín donde todo pasaba”, dice el ingeniero agrónomo, Carlos Díaz, que vivió aquellos de cerca. “Era el boom, venía gente de todos lados, y se producía vino en volumen casi en su totalidad para el mercado interno”. Sentado en la cantina del club San Martín, el agrónomo sostiene que ese esplendor del vino a diario empieza a decaer por varias razones. “La inestabilidad de la economía hacía que siempre había un boom y luego decaía, pronto vendría el 1 a 1, la tecnología que mejoró el perfil del vino hacia la exportación y ese cambio de hábitos que nos hacía pensar que por cada viejo que moría, bajaba el consumo per cápita en Argentina”.

A pesar de un dejo de nostalgia, el vino en volumen sigue siendo el principal ingreso de esta región del Este mendocino, y en muchos casos las bodegas han ido mutando hacia calidades más altas. “Hoy el consumidor sabe lo que toma, y hasta en los supermercados la gente va con ganas de elegir calidad. Hubo que mejorar desde el viñedo hasta la bodega con tecnología”, concluye Crotta.