Sesenta y un sommliers de los 5 continentes participaron de la 15 edición del Concurso Mejor Sommelier del Mundo, Argentina 2016, realizado en Mendoza entre el 15 y el 19 de abril. Organizado por la Asociación Argentina de Sommelier (AAS) y la entidad internacional madre (ASI), la competencia atrajo además centenas de periodistas internacionales y mas de cien delegados de las asociaciones de cada país. El sueco Arvid Rosengren campeón, delante del francés David Biraud, Julie Dupouys, Irlanda; y Paz Levinson, Argentina.

Acá van algunas reflexiones, momentos, color y apuntes de un evento único.

LA NOTABLE PAZ LEVINSON FUE CUARTA Y PRESTIGIA A TODA LA INDUSTRIA DEL VINO ARGENTINO
Esa escena de 2 minutos que consuma años de entrenamiento

Esta escena es bastante conmovedora y sucede en solo un par de minutos. La cosa es más o menos así: durante la gala de cierre, el jurado del Mundial arranca el anuncio de la clasificación final descendiendo desde el puesto 15 hasta el 4 (los tres primeros ya se conocen). La sommelier argentina Paz Levinson, que está en esa lista, escucha sentada en una mesa con amigos y siente que debe mejorar su valioso undécimo puesto en el mundial pasado, Japón 2013. Cuando el conteo revela los nombres hasta el puesto 10 y no está Paz hay gran alivio y felicidad por la mejora respecto del último mundial. El conteo sigue bajando sin que nombren a Paz. Lentamente y mientras continúa el conteo hacia el cuarto puesto. personas de otras mesas se van parando y se acercan a la mesa de la sommelier argentina formando una medialuna de gente, hombro con hombro, mano con mano.

“…Lentamente y mientras continúa el conteo hacia el cuarto puesto. personas de otras mesas se van parando y se acercan a la mesa de la sommelier argentina formando una medialuna de gente, hombro con hombro, mano con mano.”

De repente son muchísimos y celebran como el conteo va dejando a Paz entre los cinco mejores. Ella ya tiene la mirada en el piso, llena de sensaciones que todavía no puede ni le importa ordenar Al anunciarse que Elyse Lambert de Canadá es la quinta clasificada del mundial y se confirma así que Paz es cuarta, esa hinchada espontánea explota de alegría. Paz avanza hacia el escenario entre gritos y lagrimas de sus amigos. Felicidad por llegar tan alto en el Mundial, gratitud por tanto apoyo, frustración por sentirse que estuvo a un tris de la final, y abrazos mientras por su cabeza pasan imágenes de estos años de entrenamiento con tantos sommeliers queridos, los viajes, invierno en Canadá y Suecia entre catas y trasnoches de lectura. Una sonrisa para las fotos ya en el escenario, y al fin esa sensación de que (como dirían en “Lo que el viento se llevó”) “…después de todo mañana será otro día”.

UNA ORGANIZXACION DE ALTO CALIBRE
Exposición del vino argentino y de la calidad de los sommeliers locales

Hubo más de 300 sommeliers en Mendoza durante una semana. Mas de cien extranjeros, entre los 61 contendientes y los acompañantes o entrenadores. Y una cantidad parecida de sommeliers argentinos entre invitados, voluntarios de la organización y claro, los dos contendientes, Paz Levinson y Martín Bruno. Además hubo delegaciones de 61 países y al menos una centena de periodistas de los cinco continentes. No es poca cosa para la industria del vino argentino, que por su parte, pareció más unida que nunca para recibir y apoyar el evento. La organización, en manos de la Asociación Argentina de Sommeliers (AAS), estuvo a la altura de semejante desafío y los visitantes se volvieron a sus países felices, practicando como pronunciar la palabra “chimichurri”, y solo lamentando el poco sol que hubo esos días.

“…los visitantes se volvieron a sus países felices, practicando como pronunciar la palabra “chimichurri”, y solo lamentando el poco sol que hubo esos días.”

También queda para el análisis el nuevo acercamiento internacional al vino argentino y sobre todo a la diversidad que ya determina el futuro de la marca país. Los vinos de orientación terroir avanzan al galope, dejando atrás una época de estilos más estáticos y con predominio de madera. La feria de vinos con 83 bodegas de varias partes del país fue una gran vidriera para dejar entrever este impulso de diversidad, y sobre todo de confianza para presentar vinos por su origen. Y a pesar de que no son tan fáciles de pronunciar, explicar que no se trata solo de Malbec sino de lugares como El Cepillo, Altamira, Gualtallary, o Chacayes es un síntoma actual y –claramente- del futuro inmediato.

Abanderados de este nuevo surco del vino argentino, definido mas por su terroir y frescura que por la cepa, dijeron presente Sebastián Zuccardi, Alejandro Vigil, David Bonomi, Edy del Popolo, Leo Erazo, los hermanos Michelini, Karim Mussi y varios más.

Todo esto sustenta también el crecimiento de la sommelierie en Argentina, con mas de una decena de escuelas surgidas en los últimos años en varias ciudades del país, una desbordante pasión y un trabajo serio en todos los niveles. En este paisaje, los candidatos argentinos en el mundial, Paz Levinson y Martín Bruno son referentes antes que nada por esa tremenda sensatez en un universo tan particular como el del vino. Son dos sommelier tan talentosos como comprometidos, apasionados y humildes.

EL SOMMELIER SUECO JON ARVID ROSSENGREN CAMPEON INDISCUTIDO
El perfil de un gran campeón

Cuando Arvid Rosengren arrancó la carrera de ingeniería hace algo más de 10 años jamás se imaginó un desenlace como el de la otra noche: navegando como una celebridad entre mareas de gente que le pedía fotos, con el gigante trofeo de campeón a cuestas, los insaciables brindis con Malbec y el cansancio. “Cuando empecé a vincularme con el vino y la gastronomía a los 20 años entendí que no sería feliz con la ingeniería”, había contado el espigado sueco, amable y sereno como siempre.

Los primeros instantes de la final del Mundial en el escenario del teatro de la Independencia frente a 500 personas, entre ellos el Comité Técnico que define el resultado, fueron bastante especiales. Arvid compite con el francés David Biraud y Julie Dupouys, francesa representante de Irlanda. Arranca la prueba de servicio y Arvid debe tomar el pedido en una mesa cuyos integrantes (el jurado) le juegan una trampita. Le piden un champagne especial con una añada especifica que el sommelier debe servir de una selección de tres botellas que ya fueron predispuestas en el escenario. Arvid controla las botellas y ninguna de las tres corresponde al pedido. Duda, y un segundo después vuelve y se disculpa por no tener el Champagne pedido. Una de las integrantes del jurado redobla la trampita y le dice “¿está seguro que no tiene ese champagne?”. El sueco pide disculpas y va a controlar si no le han escondido la botella detrás de la barra. Pero vuelve y debe confirmar lo ya dicho: “no tenemos esa añada”. Así arrancaba el sueco que se repuso con creces de la trampita del inicio y fue brillante en la cata de vinos y el resto de las pruebas.

“Nosotros atendemos las mesas vestidos con zapatillas y jeans.”

Arvid Rossengren trabaja en el restaurant Charlie Bird del Soho neoyorquino, un lugar fundado por sommeliers y con estilo casual. “Nosotros atendemos las mesas vestidos con zapatillas y jeans. Me guardo el sacacorcho en el bolsillo de mi pantalón. Nada de mono o protocolo estilo francés.”, explica. Luego agrega que ese estilo descontracturado es su manera de ver la sommelierie para acercar a mas gete que a veces se siente intimidada por protocolos y palabras difíciles.

“Un sommelier debe ser apasionado, amable, conocedor y por sobre todas las cosas, humilde. Debemos ayudar a mejorar la experiencia de la gente que quiere comer y tomar. Uno debe hacer ese esfuerzo y luego correrse del medio“, comentaba Arvid, de 31 años, que a pesar del cansancio todavía tenía pilas para charlar cosas profundas en el final de esa noche que acaso haya sido la más feliz de su vida como sommelier.

Credito Fotos AAS